
-¿Y si mi relato fuera triste? Claro que después escribiría algo alegre, aunque, ¿porqué alegre?
Escribió:
Papá piensa en una mujer que conoció por la calle, y mamá justo acaba de dejar a un amante. No entienden a sus hijos, y sus hijos no los quieren. La chica piensa en su novio, y el chico en palabrotas que ha aprendido en el instituto. Los pequeños crecerán y serán como ellos. Los libros dicen mentiras. En el mundo no hay virtud ni amor. Todas las casas son iguales. En las familias sólo hay lucro, mentira e incomprensión mutua.
Paró, hizo girar el lápiz en la mano, y una pequeña sonrisa , cruel y tímida, le tocó los labios.
Si fuese tan tonta como para preguntarse “¿quién soy yo?”, se espantaría y se caería al suelo. Es que el “¿quién soy yo?” provoca necesidad. ¿Y cómo satisfacer esa necesidad?
-La persona de la que voy a hablar es tan tonta que a veces sonríe a los demás en la calle. Nadie responde a su sonrisa porque ni la miran.
Cerca del barrio le llamaron la atención las calles en cuyas casas unifamiliares se crían cientos de niños y niñas. Intentaba imaginarse qué se oiría si estas casas ardieran.
Si la muchacha hubiese sabido que mi alegría viene de mi más profunda tristeza y que la tristeza era una alegría frustrada. Sí, era un poquitín alegre dentro de la neurosis. Neurosis de guerra. Estoy absolutamente cansada de la literatura; solo la mudez me hace compañía. Si todavía escribo es porque no tengo nada más que hacer en el mundo mientras espero a la muerte. Quisiera revolcarme en el barro, apenas controlo mi necesidad de bajezas, la necesidad de juerga y del peor gozo absoluto.
-Perdona que te lo pregunte: ser fea sabe mal?
Unos bomberos comparecieron al juicio, porque retiraron su tensa lona de salvamento y huyeron, en el momento en que una suicida, que desde hacía ya varias horas amenazaba con precipitarse al vacío desde una cornisa del cuarto piso de una casa particular, saltó realmente.
Quienes creen en el suicidio de la poetisa dicen una y otra vez que se quebró por si misma, cuando en verdad, como es natural, se quebró sólo por su entorno y, en el fondo, por la vileza de su patria y su familia, que la persiguió como a tantos otros.
* La imagen está manipulada. El relato es un collage textual que incluye fragmentos infielmente traducidos, alterados y desordenados de obras de Thomas Bernhard, Clarice Lispector e Irène Nemirovsky. No diré cuáles.
a.k

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