
Esta noche la imagen de mis ojos cayéndose al suelo me ha asaltado.
Los pisaba como si fueran algo que pueda caerse al suelo y ser pisado. Dos bolitas enrojecidas con sus respectivas pupilas verdes y su textura, imagino, gelatinosa.
Una repentina ternura que nunca habría podido sentir ni por mí ni por cualquier otra parte de mi cuerpo me ha invadido. Dos bolitas que he ido desgastando desde que mi madre, dice, me vio nacer con los ojos abiertos; unos ojos que la miraban.
Ni las manos –que tantas veces habrán abrochado y desabrochado, abierto y cerrado puertas, pasado página, pulsado botones- ni los pies, que habrán avanzado uno después del otro millones de veces, y al fin y al cabo, sostienen cada día al resto de mi cuerpo, podrían suscitar lo mismo.
La calavera, encerrando la materia gris, esa caja de truenos enigmática y ciega, de forma un tanto chata, con su piel y su pelo, sus orejas pegadas, su zona calva con los distintos agujeros y oberturas que comunican el interior con el exterior, tampoco habrían podido despertar esa compasión. Los ojos sí.
Podría tranquilamente quedarme muda y sorda, pero quedarme ciega seria encerrarme más de lo que es soportable para mí en la caja del yo. Aunque los maltrate leyendo a oscuras a menudo, y me pase la mayor parte del día obligándoles a espacios con paredes y luces eléctricas para los que no fueron fabricados, se han limitado a expresar una leve queja en sus venitas enrojecidas, en la dificultad cada vez mayor de ver bien a lo lejos. Se secan un poco.
Encima de ellos tengo dos cejas. Son las que habría dibujado si alguien me hubiera pedido que dibujara unas cejas. De lo demás no vale la pena hablar. Que los ojos, cualquier día pudieran caerse no debería ser un hecho excepcional.
…tener que pactar la proyección del exterior en la caja oscura del interior, que los engaña. Ver sin ver. Que supiéramos usar nuestros ojos y nuestros cerebros con propiedad, eso ya sería mucho. Y luego pantallas luminosas y botones que mandan abrir nuevas ventanas que muestran nuevos signos que se mueven simultáneamente. Que los ojos se negaran a obedecer la caja negra que les manda sería lo lógico. Que huyeran.
a.k.
*Imatge: A.K. découpé d'Alicia Kopf, 2010.

2 comentarios:
http://www.youtube.com/watch?v=ej1eYl9p1Bs&feature=related
Passeu directament al minut 4:00. Seria massa llarg d'explicar però els ulls que hi ha dins la bossa són (eren) els seus. Supereu el pla del senyor vestit de blanc que li renta les dents a ella. I ja hi sou, allà teniu la imatge d'algú que corre rere els seus propis ulls.
Jo diria que al conte d'en Philip K. Dick no hi és aquesta idea, però hi podria ser, hi podria ser.
Estupenda escena Kopfiana. La vaig concebre en un estat d'histèria multipantalla degut a l'excés de conectivitat.
Lo dels ulls de recanvi, ho consultaré amb especialistes.
Publicar un comentario en la entrada